Friday, November 28, 2014

Epílogo: Rectificado (Parte 3 de 4)



¿Con Deseos de Paz Profunda?
           
            Me uní a los Rosacruces AMORC como alternativa a los masones. Siempre me dijeron que para ser masón se necesitaba ser rico. Mi experiencia fue que los rosacruces son más costosos que los masones.
            También aprendí que sin dinero no hay acceso a los conocimientos del universo. Inclusive si no se paga una cuota no se es miembro de la orden, no se tiene acceso a las lecciones, y de alguna forma logran limitar la entrada de las personas al Sanctum Celestial. Y el acceso a la información se limita al grado que se ha comprado de la ‘amada orden’. Aparentemente poder entrar a un lugar en el ‘plano espiritual’ está ligado a un pago de cuotas en el mundo material.
            Todo a pesar que los rosacruces dicen que sus enseñanzas son extremamente necesarias para el progreso de la humanidad.
            También aprendí de la falsa espiritualidad e hipócrita espiritualidad.
            Ya que la espiritualidad que allí me mostraron, era una de la que se demuestra a otros. Ser el más espiritual era quien llegaba y se metía la templo a meditar o el más que hablaba de temas espirituales. Pero no de las monografías. Eso estaba prohibido.
            La hipócrita moralidad salía del hecho en que las fuerzas espirituales podían ser utilizadas para justificar cualquier acción. Una mujer adúltera se justificaba porque el cósmico le envió el amor de su vida en la forma de un hombre casado; y los hermanos de alguna forma justificaban el odio a otro hermano o su avaricia y codicia por la administración de los fondos de la logia.
            Los líderes de la orden Rosacruz AMORC en Puerto Rico utilizaban lo espiritual para justificar sus excentricidades. Como el no saludar a otro hermano porque su estado de pureza espiritual era tal que no podía saludar a alguien más bajo que él. Por no mencionar que cuando metían las patas en los aspectos administrativos invocaban su alta jerarquía espiritual para justificarse.
 

Friday, November 7, 2014

Epílogo: Rectificado (Parte 2 de 4)




¿Hombres Libres y de Buenas Costumbres?
           
            Me inicié, fui adelantado y exaltado en una logia masónica de Ponce. Las principales enseñanzas de esa logia fueron el odio e intolerancia hacia mis hermanos masones. Porque aparentemente tienes que odiar a los hermanos que son los rivales de los ‘dueños de la logia’. Si no los odias entonces eres el enemigo, porque si no estás conmigo estas en mi contra.
            También aprendí que las leyes y reglamentos se aplican selectivamente a los hermanos, que a veces se es muy severo y otras extremadamente laxo. Todo está en nivel de afinidad y asimilación con los ‘dueños de la logia’.
            Eventualmente me transferí de esa logia.
            Uno de los patanes que se creía ‘dueño de la logia’ decía que, aquí no se vota a nadie, la persona se vota a sí mismo. Sin embargo el ambiente extremadamente hostil que ese patán creó en mi contra sólo daba la alternativa de irse. Todo porque ese ‘hermano’ estaba en desacuerdo con mi religión. En la masonería experimente discrimen por mis creencias religiosas.
            En mi segunda experiencia con la masonería descubrí que los masones de Puerto Rico son tan corruptos como el resto de la sociedad. Porque cuando comencé a investigarlos encontré que en sus filas hay de todo… lo malo.
            Busqué en los archivos virtuales de los periódicos y encontré que masones eran narcotraficantes, abusadores de sus esposas, escándalos políticos y homicidas… encontré en YouTube masones con escándalos de adulterio…. En el sistema del Departamento de Justicia encontré demandas por deudas, abuso conyugal, falta de pago de alimentación de sus hijos…
            Si algo descubrí de los masones puertorriqueños es el silencio del cómplice. En el silencio mezquino o cobarde hace de todos los masones de Puerto Rico cómplices de las acciones de sus hermanos.
            La más alta lección que me llevé de los masones de Puerto Rico es: la palabra de un corrupto vale más que de un hombre honrado, si el primero tiene un título prestado que le da “poder”.